A partir de la primavera y durante todo el verano, en nuestro entorno comienzan a florecer los campos y parques y empiezan a crecer las llamadas "espigas". Cuando éstas se cortan de forma mecánica o se secan, se desprenden las semillas, de forma que cuando paseamos con nuestros perros o se restriegan encima de ellas, éstas se pueden introducir en diferentes orificios: nariz, ojos, oídos, incluso a través de la piel, convirtiéndose en uno de los principales enemigos de nuestra mascota en esta época.
Las zonas más susceptibles de encontrar las espigas son oídos, boca, nariz, prepucio, vulva, espacios interdigitales, pliegues de la piel, etc

Como las espigas tienen forma de flecha, lo que hacen es avanzar y nunca retroceden debido a que se abren a modo de paraguas, por lo que una vez que se clavan y penetran en la piel pueden llegar a recorrer varios centímetros, por ejemplo, penetrar por el espacio interdigital y sacarlo a nivel del carpo, a varios centímetros del punto de entrada.
La presencia de cualquier cuerpo extraño en el organismo provoca un malestar importante al animal, que si no se soluciona en las primeras horas se puede llegar a desarrollar patologías graves, como la perforación ocular con infección, abscesos en los puntos de entrada (boca, espacios interdigitales,...) provocando en muchas ocasiones la necesidad de extraer la espiga por medio de sedación, o incluso cirugía.
Los síntomas aparecen de repente y casi siempre después de un paseo por zonas con este tipo de vegetación.
.jpg)
.jpg)


